Un abominable y despreciable personaje de la derecha
política, el conservadurismo y el opus deis de nuestro país: Pelegrín Castillo,
ha clamado porque se erija un muro entre los puntos considerados por él de alto
tránsito entre la frontera terrestre de Haití y República Dominicana. No es
esta la primera ni última intentona.
Esta propuesta, que en primer término llama a risa si
imaginamos al trabajador de la construcción haitiana cavando su propia tumba;
debemos por lo contrario considerarla con mucha seriedad, porque ella es una
expresión concreta y precisa del pensamiento fascista, la locura falsonacional,
y el conservadurismo neotrujillista que caracteriza esa familia desde el padre
hasta sus hijos.
Cuando el mundo celebró la caída del Muro de Berlín, que
separaba una misma nación en dos, todos nos sentimos alegres de que se brindaba
la posibilidad para el reencuentro de su pueblo, mecánicamente separados. En
ese caso, era un mismo pueblo, y razones de una cruenta guerra entre occidente
y oriente, servían argumentos no despreciables para que este hecho se
produjera. Pero maduraron condiciones para que no fuera más así.
El pueblo palestino, y otros del mundo árabe, también son
separados por Israel mediante muros, bloqueos, alambradas, cercos marítimos”; y
muchos más sufren afrentas semejantes: Cuba, Irán, Siria, etc..
En América, los Estados Unidos extendió un muro por miles de
kilómetros, sobrevuela drones, coloca sensores, y otras tecnologías, para
impedir que los trabajadores y pobres de México traspasen la frontera y vayan a
recoger vegetales y trabajar la tierra en las extensísimas tierras del oeste y
el sur estadounidense. El resultado, es que la gente sigue pasando y se
incrementan los crímenes, trasiego ilegal e ingenioso de drogas y personas, a
un alto costo que supera las intenciones.
Es un absurdo mayor plantear lo mismo con Haití, es como si
Puerto Rico tendiera una barrera marítima permanente para impedir a dominicanos
entrar a su territorio a trabajar. República Dominicana es proporcional y en
algunos casos en términos absolutos, uno de los países con mayor emigración al
extranjero y con uno de los más altos índices de tráfico humano. Con cuantas
argucias se ha llenado América, Europa y otras naciones, de dominicanos y
dominicanas, no siempre con propósitos de trabajo digno, ante la mirada
cómplice de autoridades civiles y militares, ellos y ellas son empujados por la
miseria que estos gobiernos no han mitigado suficientemente en nuestro país.
Somos partidarios, en este momento histórico de la
humanidad, de una regulación flexible de la migración internacional,
justificada, productiva, sana, y jamás apostaremos a cavernarios estilos de
represión y contención, que si lograren una reducción de la misma, generan a la
vez peores problemas en las relaciones interpueblos, azuzando odios y
hostilidades en las relaciones.
Recordemos, que antes de las fronteras, todos éramos
habitantes del mismo mundo, por la Biblia o por historia, ha sido así: la
indiscutible división territorial proviene del surgimiento de la propiedad
privada y el Estado.
“Yo admiro al pueblo haitiano, veo cómo vence y sale de la
triste condición de esclavo para constituirse en nación libre e independiente.
Le reconozco poseedor de dos virtudes eminentes: el amor a la libertad y el
valor, pero los dominicanos que en tantas ocasiones han vertido su sangre, ¿lo
habrán hecho solo para sellar la afrenta de que en premio de sus sacrificios le
otorguen sus dominadores la gracia de besarles la mano? ¡No más humillación!
¡No más vergüenza! Si los españoles tienen su monarquía española y Francia la
suya francesa; si hasta los haitianos han constituido la República Haitiana,
¿por qué han de estar los dominicanos sometidos ya a la Francia, ya a España,
ya a los haitianos, sin pensar en constituirse como los demás? ¡No, mil veces
no! ¡No más dominación! ¡Viva la República Dominicana!”
Juan Pablo Duarte y Diez
Comisión Política
Fuerza de la Revolución"
